ILARGI ZABALETA, TODOTERRENO EN ACCIÓN

  • Ilargi Zabaleta: “El teatro es la atracción en la que debería montar todo el mundo, sin importar la altura” 

 

Charlamos con nuestra antigua alumna, organizadora del laboratorio internacional de Teatro BRIDGES 2019, de la compañía Residui Teatro.

 

 

“Estamos en el año 2019 después de Jesucristo. Toda La Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaorum, Aquarium, Laudanum y Petibonum… La resistencia de estos aldeanos se debe a la fuerza sobrehumana que adquieren tras beber una poción mágica”preparada por su druida Panoramix”, así es como Ilargi Zabaleta, antigua alumna del CIT La Manada, imagina hoy su pueblo, Oñati. Donde desde el pasado 18 de julio hasta el próximo 29 de este mismo mes, la compañía Residui Teatro, desarrolla su laboratorio anual BRIDGES, organizado este año por Ilargi. Charlamos con ella un día antes del comienzo del encuentro. La pillamos entre fogones, preparando la comida para los artistas internacionales. Su teléfono no para de sonar, porque hay que ir a buscar a los que ya van llegando. Al verse, saludos efusivos. En medio de este hervidero, Ilargi saca un rato para hablarnos sobre el proyecto, el teatro y su visión sobre la realidad que nos rodea.

 

  • ¿Qué es Residui Teatro?

 

Por un lado, podría definir Residui Teatro como una iniciativa que surgió en Roma, en el año 2000, a partir de un taller de investigación teatral con el objetivo de impulsar el teatro como herramienta de transformación personal y comunitaria, favoreciendo siempre la diversidad, el aprendizaje, el encuentro, el intercambio y el crecimiento. Gregorio Amicuzi y Viviana Bovino son los fundadores, quienes han desarrollado una red internacional, realizando residencias artísticas y colaborando con artistas de todo el mundo.

Y por otro lado, con una perspectiva más personal, podría definirlo como una casualidad, un regalo que me encontré cuando menos me lo esperaba. Una oportunidad de poder hacer teatro con una función y no el teatro comercial al que, por desgracia, estamos acostumbrados. Un puente que me permite conocer artistas de todo el mundo, una fuente de la que no paro de beber, un aprendizaje constante y profundo. Una compañía que vive por y para el teatro, siempre con ilusión, pasión, juego, respeto, curiosidad, disciplina, amor, empatía. Un grupo de artistas que no para de crear nuevos proyectos, que no se cansa de crecer, siempre con la ilusión de poder innovar, descubrir, compartir. Un crecimiento que se basa en el trabajo, en la dedicación y en la constancia y no tanto en el “talento” del que tanto se habla. El teatro como forma de vida, el teatro que sirve para transformar el mundo, para sanar, para conocernos mejor a nosotros y a los que nos rodean. 

 

  • ¿Cómo conociste Residui Teatro?

 

Es muy curioso. Digamos que fue una serendipia en toda regla. Hace un año me planteé darle un vuelco a mi vida y dejarlo todo para irme a Buenos Aires a hacer teatro. Empecé a buscar la infinidad de opciones que me permitiesen vivir la experiencia al máximo y descubrí un programa para jóvenes que permite hacer residencias internacionales gratuitas e, incluso, recibiendo un dinero. Tiré del hilo y me dijeron que necesitaba una institución que me representara. Conseguí la lista de todas las instituciones y me llamó la atención Residui Teatro. He de admitir que soy muy pasional y me dejo guiar por mis impulsos. Sentí en aquel momento que esa compañía iba a tener importancia en mi carrera artística pero, finalmente, decidí quedarme un año más en Madrid por varias razones. Después de casi un año, “casual-mente” me llegó un correo ofreciéndome participar en un proyecto internacional llamado BRIDGES en Italia. No tenía dinero para pagármelo pero supe que iría. Dije que sí y en el último momento tuve la enorme suerte de que alguien me prestara el dinero. Me fui a Italia y me enamoré de la compañía y el proyecto.

 

  • Esta compañía parte de un trabajo sobre el cuerpo, sobre la forma, para encontrar la verdad de los hechos o conceptos que investiga. Sin embargo, tu formación en La Manada Teatro, ha consistido en investigar y descubrir el camino opuesto: la búsqueda de la verdad interpretativa desde el fondo hasta la forma. ¿Encuentras algún puente de unión entre estos caminos tan distintos? ¿Cuáles?

 

Es lo que yo me planteo cada vez que hago formaciones que, en un principio, parecen tan contrarias. Pienso que lo importante es creer en lo que uno está haciendo, confiar y entregarse. Da igual si es de dentro hacia afuera o si es de afuera hacia dentro. En realidad, ambas formas surgen de una misma fuente, que es la capacidad de crear. La creación surge de uno, no sabemos de dónde nos viene. Eso es lo bonito de ser un artista, el no saber lo que va a ser capaz de crear. Siempre con la expectativa de lo que puede salir. Jugamos con elementos que no existen o que existen pero aún no hemos visto. La interpretación, junto con las demás artes, tiene que ver con abrir las puertas de la esencia creadora de un ser y poder sacarlo al exterior. En el exterior empezamos a percibir el color, la forma, la fuerza, el tamaño, la profundidad… Por eso es un trabajo constante, porque no es fácil abrir esa puerta. La sociedad que hemos construido nos empuja a cerrar todas las puertas de nuestro ser, nos obliga a cerrarlas con llave e, incluso, a poner más y más puertas… Y, sin darnos cuenta, de pronto, estamos encerrados en medio de un laberinto lleno de puertas con cerraduras imposibles de abrir y de caminos que no sabemos a dónde van. La clave, sea cuál sea el método, es confiar, abrir… Es ser niña otra vez. Es elegir la técnica que a una más le apetece y apostarlo todo. La técnica como juego: monopoly o trivial o parchís, da igual, si te das al juego volarás. Y siempre existe la fusión, siempre puedes jugar al parchís con las fichas del trivial o puedes usar el dinero del monopoly para premiar las preguntas acertadas del trivial… O puedes crear tus propios juegos, tus propias técnicas. Lo importante, en mi opinión, es jugar de verdad, disfrutar mucho, ilusionarse y no parar de descubrir nuevos juegos. No dejar de aprender.

 

  • ¿Notas que tu formación en técnica Layton te aporta algo a la hora de enfrentarte a este tipo de trabajo? ¿Qué?

 

Por supuesto. La técnica Layton me permite ubicar con precisión los conflictos, saber darle foco a las prioridades de cada escena, creación, espectáculo… Me permite vincular la línea de pensamiento al trabajo corporal e ir tirando tanto de uno como de otro o conjuntamente. En La Manada la línea de pensamiento es el nacimiento de toda la inmensidad del comportamiento de los personajes, desde lo emocional hasta lo corporal. Y en Residui Teatro, la corporalidad te lleva a unas líneas de pensamiento. De alguna manera, no sabría diferenciar con exactitud cuál es el proceso interno… Puede que, de alguna manera, en el primer caso se le ponga foco a esa parte más psicológica que es la que activa el cuerpo. Pero realmente, en el segundo caso, sin ponerle foco también se trabaja la mente, es inevitable. Por lo tanto, creo que no son tan lejanas las dos técnicas. La diferencia reside en las partes que se subrayan y no tanto en el proceso de creación, pues tanto mente como cuerpo son una cuando se está creando.

 

  • Anualmente Residui organiza un laboratorio internacional. ¿Puedes contarnos a grandes rasgos en qué consiste este encuentro?

 

Es un laboratorio teatral residencial itinerante de unos 10 días de duración y más de 90 horas de formación. Son unos días de aprendizaje constante, personal, artístico y social. Se llama BRIDGES porque se basa en la idea de crear un puente entre el teatro y la comunidad local. Se ofrecen dos espacios paralelos: uno de investigación intensiva y creación y otro de interacción, intercambio y creación con la comunidad local. 

 

  • Este año, tú has sido la organizadora del laboratorio ¿De dónde o cómo surgió esta oportunidad?

 

En la última cena de BRIDGES 2018, en Vanzago (Italia), mientras celebrábamos lo bien que había salido el espectáculo final, surgió la idea como una especie de broma: “¡El próximo BRIDGES en el País Vasco!”. Y yo, que me apunto a un bombardeo: “¡Por supuesto!”. Y aquí estoy, terminando los preparativos para BRIDGES OÑATI 2019. Es verdad que, además, ha influido mucho la conexión tanto con Gregorio como con Viviana para sacar adelante el proyecto.  Nos hemos entendido muy bien desde el primer momento, y es un gusto trabajar con ellos.

 

  • Como dices, el laboratorio se realiza en tu pueblo, Oñati, una localidad vasca de 11000 habitantes. ¿Por qué escogisteis este enclave?

 

Yo nací en Oñati, soy “txantxikutarra” y por circunstancias personales, tuve que irme de aquí cuando aún era una niña. Para mí Oñati siempre ha sido un esencial en mi vida, un lugar al que volver, mi nido. Tengo familia aquí. Celebramos las navidades y vuelvo cuando puedo, feliz por reencontrarme con uno de los paisajes más bonitos del universo. ¡No lo digo porque sea de aquí eh! Y quien dude sobre lo dicho está invitado a venir cuando quiera.

Así que elegí Oñati mucho antes de que me lo ofrecieran. Es una decisión que estaba dentro de mí. Para mi, BRIDGES es un regalo para mi pueblo, para mis raíces y para todas aquellas personas que siguen luchando por mantener la esencia dentro de un contexto tan complejo. 

Oñati es como la aldea ficticia al noroeste de la Galia de la que hablan los cómics de “Asterix y Obelix”, la única parte del país que no ha sido conquistada aún por Julio César. Es un pueblo pequeño que guarda la esencia de lo que para mí significa Euskal Herria, y que aún sigue defendiendo el Euskera y la tradición vasca como parte fundamental de la cultura.

 

  • Como has dicho antes, uno de los fines del laboratorio es tender puentes entre los artistas y la comunidad local ¿Por qué es importante este objetivo dentro del laboratorio? ¿En qué va a consistir esta relación? 

 

Todo esto nace del “baratto” cultural, un método de intercambio que nación en los años 70 durante un proyecto de la compañía Odin Teatret en Cerdeña. La compañía realizó su espectáculo ante la pequeña comunidad y, al final de la representación, la comunidad local como agradecimiento, decidió enseñarles cantos y danzas tradicionales de la zona. 

Por lo tanto, además de la formación intensiva, es fundamental el intercambio con el pueblo para lograr el objetivo que plantea el proyecto: la transformación conjunta, personal y comunitaria. Es tan importante la labor del artista-creador como la reacción y respuesta del pueblo. Cada parte comparte lo que tiene y así todos ganamos. Aplicar esta filosofía a nuestro día a día nos haría más felices.

El intercambio tendrá lugar durante todo el proyecto. Cada día se organizarán encuentros con diferentes grupos sociales de Oñati para crear un espacio de intercambio humano, cultural y social. Hay lugar para todas. Tenemos programadas actividades con el centro de ancianos, con diferentes asociaciones culturales, con el centro de refugiados, con el “Gazteleku”, con el “Gaztetxe”, con la casa de las culturas, con diferentes asociaciones que defienden la igualdad, las condiciones de los extranjeros, con bares del pueblo… También vamos a participar en el programa “Kalean” ofreciendo el concierto de nuestra maestra invitada: Parvathy Baúl, ofreceremos un espectáculo en el teatro Santa Ana, presentaremos una proyección en “Kultur Etxea”... Y, evidentemente, haremos el espectáculo itinerante final el día 28 de julio por las calles de Oñati. Como puedes ver, este proyecto es un no parar.

 

  • El tema de este año es la “Frontera”, ¿por qué habéis escogido este tema? ¿qué relaciones encuentras con el mundo que te rodea?

 

En euskera “MUGAK”. Hemos escogido el tema por varias razones. Cada año se intenta sustraer un “conflicto” local para universalizarlo y poder hacer una investigación desde diversos puntos de vista. Un conflicto como el de las fronteras es un tema, en mi opinión, idóneo para exprimir en la actualidad. Las fronteras de uno mismo, las fronteras hacia los demás, las fronteras hacia el mundo, las fronteras que nos ponen, las fronteras que nos impiden cruzar, las fronteras que nos protegen, las fronteras tecnológicas, las fronteras emocionales, las fronteras físicas, las fronteras económicas, etc. Se le puede sacar mucho jugo y más teniendo en cuenta la situación que ha vivido Euskal Herria. Es un tema que va a dar mucho juego tanto para los “txantxikus” como para los artistas internacionales que vendrán cargados con sus realidades, historias, experiencias… 

En relación con esto, el primer día de proyecto he organizado una charla con Xabier Etxebarria, un experto en el tema, para poder empezar a crear con consciencia, para construir un espectáculo con una base sólida. Pienso que nos va a ser muy útil ha todos los artistas como punto de partida. Quiero que el mundo conozca por fin qué es Euskal Herria, qué ha ocurrido realmente y quiénes somos esas vascas con ocho apellidos…

 

  • Una de las críticas que más escuchamos sobre la situación teatral en nuestro país es que la mayor parte de la producción se circunscribe a las grandes ciudades: Madrid, Barcelona, Sevilla ¿Qué opinas sobre esta situación? ¿Por qué crees que es importante que el teatro llegue también a otras localidades más apartadas?

 

Es una situación peligrosa. El hecho de que no haya vida artística u oportunidades para formarse y para emprender en las pequeñas poblaciones está obligándonos a salir, a huir. Al final todos llegamos a los mismos dos lugares: a Madrid o a Barcelona. Y estamos ansiosos por ese “llegar a algo”, “triunfar”, “llegar lejos” que tanto nos venden. Esta ansiedad, provocada por la presión social, hace que pasemos por encima de un montón de cosas a causa de nuestros miedos e inseguridades. Así que, al final, en vez de ver el teatro, el arte, como un camino para crear conjuntamente, muchos lo acaban viendo como un camino hacia la fama, hacia el reconocimiento, hacia la riqueza. Y todo esto fuera del sitio en el que te sientes protegido, lejos de todas aquellas personas que hasta entonces han compuesto el collage de tu realidad. Entonces ¿dónde queda el motor real por el que empezamos a hacer arte? Se nos olvida. Diría que un buen artista siempre nace de una niña con ganas de jugar, de imaginar. El arte es un oasis que muchas encontramos para superar o enfrentar ciertas realidades. Es una vía de escape para lograr la felicidad creando nuevos mundos e historias y compartiéndolas. Tenemos que hacernos conscientes del valor del arte. Esa vía de escape se convierte en herramienta de transformación, y la formación y la experiencia sirven para aprender a usar esos “poderes mágicos” que nos ofrece el teatro. El teatro nació con el ser humano y es parte de nosotros, el teatro es necesario para crecer como sociedad, para crear consciencia, reflexión, para curar y hacer que la gente sienta y pase por todas las emociones. Es la atracción en la que debería montar todo el mundo, sin importar la altura. 

Si logramos repartir esos núcleos culturales, lograremos diversidad. Lograremos crear una infinidad de juegos diferentes, con esencias más diferenciadas. Lograremos calmar esa presión, tener lugar para todos, no pisarnos los unos a los otros. Romper con la rivalidad, con la competitividad. Es necesario normalizar al artista que “triunfa”. No deberíamos tratar como ídolo a una persona solamente porque salga en una pantalla de televisión. Es absurdo. Tendríamos que equilibrar la balanza. Hacer teatro con una función, con un objetivo y no por desconectar, por apagar la mente durante hora y media. 

Así que sí, es importante que llegue a todas partes. Porque el arte es sanador, liberador y crea comunidad. Crea espacios en los se comparten historias. Desarrolla la escucha, el entendimiento, la empatía, el autoconocimiento, nos permite vernos desde fuera y comprender. Nos permite ser mejores. Ya lo decían en la antigua Grecia: el teatro nos lleva a la catarsis, la purificación emocional, corporal, mental y espiritual, los espectadores experimentan la purificación del alma. 

 

  • Residui trabaja sobre la idea de construir un mundo mejor, tanto a nivel social como personal, trabaja persiguiendo un sueño ¿cuál es el tuyo?

 

Mi sueño es darle un hogar a mi madre, un lugar donde se sienta plenamente feliz.